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María Hurtado de Mendoza y César Jiménez de Tejada trabajan en colaboración desde el inicio de su actividad profesional y ambos son profesores asociados de proyectos arquitectónicos en la ETSAM. En los últimos años se ha incorporado definitivamente al estudio José María Hurtado de Mendoza después de trabajar cuatro años en el estudio de Rafael Moneo. Han ganado varios premios en concursos de arquitectura que les han permitido construir un edificio de 12 vpp para jóvenes en Villarrobledo, un centro de salud en Minglanilla, una residencia de menores drogodependientes en Chinchón, dos viviendas unifamiliares en la Dehesa de la Villa de Madrid, el Centro de especialidades de Daimiel y un Centro Municipal de Salud en San Blas, Madrid. Han participado en las Bienales de Arquitectura de Venecia en los años 2000 y 2006, así como en la exposición Jóvenes Arquitectos de España, organizada por el Ministerio de Vivienda en 2008.“Nos interesa la calidad espacial, cómo construir el espacio de cada proyecto”
La arquitectura nos sedujo definitivamente en la Escuela, quizá muy pocos eligen la carrera de arquitectura sabiendo qué van a encontrar. La Escuela moldea tu forma de entender la realidad, de razonar los problemas, de intentar ir más allá de lo evidente y como dice un amigo nuestro, cuando te quieres dar cuenta “te han ganado para la causa”. Nos sentimos muy afortunados por tener una profesión que nos absorbe y en ocasiones obsesiona. Llegar a construir un edificio implica haber sido capaz de poner de acuerdo el mundo de las ideas con la lógica constructiva y económica.
María y César trabajáis juntos desde el inicio de vuestra actividad profesional. En 2003, refundáis el estudio que pasa a denominarse entresitio. ¿Cómo se incorpora José María y qué caracteriza a entresitio como estudio?
Trabajábamos juntos desde que terminamos la carrera en 1993, teníamos pequeños encargos que combinábamos con el trabajo como colaboradores para otros arquitectos, hacíamos muchos concursos, perdíamos casi todos y ¡pasábamos mucha hambre! También pasamos temporadas en el extranjero, César estuvo en la universidad de Columbia, en Nueva York, con una beca Fulbright, yo estuve becada en la Academia de España en Roma, fue un período muy intenso de trabajo y estudio. Comenzamos llamándonos hmwjb, pero era terriblemente anticomercial y coincidiendo con la necesidad de comprar un dominio web decidimos cambiar de nombre y llegamos a estudio.entresitio.
José María colaboraba con nosotros incluso antes de terminar la carrera, durante sus vacaciones venía siempre a ver en que estábamos. Participó en algún concurso ganador pero le fichó Rafael Moneo y se fue a su estudio durante 4 años. Su incorporación definitiva al estudio después de pasar él también por Roma fue en 2003, fecha desde la que todo el trabajo del estudio se desarrolla de forma conjunta. César y yo tenemos una manera de ver las cosas más parecida y José María supone un contrapunto interesante, introduce una cierta inestabilidad que hace que las decisiones se discutan y argumenten con mayor profundidad, lo que al final se traduce en un mayor esfuerzo autocrítico que hace que nosotros mismos seamos nuestro primer control de calidad.
¿Qué valores arquitectónicos se han mantenido constantes a lo largo de todos estos años en vuestra actividad?
Nos interesa la calidad espacial, cómo construir el espacio de cada proyecto es sin duda el motor. También nos interesa resolver con eficacia el programa funcional, sea éste cual sea, auque a veces la eficacia consista en proponer cosas distintas de las que se piden. Ponemos especial atención en como “respiran” los edificios, la relación entre interior y exterior, la permeabilidad visual y la manera de concatenar espacios, generalmente muy luminosos.
“He mantenido la investigación espacial, formal y figurativa, la condición tecnológica del proceso creativo”
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| CMS San Blas en Madrid: entender el edificio como un objeto público |
Paisaje de patios en el CMS San Blas, Madrid | 132 viviendas VPP Arrendamiento en el Ensanche de Vallecas, Madrid |
¿Qué importancia tiene el rigor geométrico en vuestros proyectos?
El rigor es un valor muy deseable en la arquitectura, y no sólo el geométrico, y sin duda intentamos ser rigurosos en nuestros proyectos, aunque no siempre lo conseguimos con la misma intensidad. La geometría nos parece una herramienta poderosa y un campo inagotable. No sólo como sistema; es decir, ortogonal, radioconcéntrico, curvo, etc. sino como mecanismo para establecer relaciones entre las cosas, entre las partes, de manera que todo quede ligado dentro de una estructura de rango superior. Hemos ensayado algunas soluciones que se alejan de lo cartesiano en la medida en que resuelven aquello que el ángulo recto no permite, ayudan a establecer relaciones espaciales potentes como la diagonalización, la bifurcación equivalente, el giro, la adireccionalidad aparente...
Gracias a los concursos habéis logrado construir gran parte de vuestra obra. ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene este sistema de elección?
Está claro que la obra pública es una fuente de trabajo al acceso de todos, se trata de concursar con intensidad y además tener suerte. Si crees que eres capaz de ganar, alguna vez ganas. Si con todos los clientes es necesario conseguir una cierta confianza para poder desarrollar el trabajo, el haber ganado un concurso es un aval frente a un cliente público. En todos los casos, el resultado de la obra se vislumbra muy al final del proceso de construcción, por lo que tratamos de mantener enamorados a los clientes hasta que la propia obra los atrapa.
“El cliente público ofrece e impone unas condiciones transparentes y de mayor coherencia, en términos generales, que el privado”
La mayoría de vuestros proyectos son trabajos para el sector residencial y para el hospitalario. ¿A qué se debe este interés por dos ámbitos tan exigentes y con tanta competencia?
La vivienda nos ha interesado desde el principio, desde la Escuela. Es uno de los campos en los que más necesita reciclarse el sector privado, y en los que las administraciones están ofreciendo un margen de maniobra a los arquitectos.
Los modelos convencionales de vivienda de promoción particular se quedan obsoletos conforme cambia la sociedad y los hábitos de vida, y los condicionantes espaciales de la vivienda de protección han forzado siempre a buscar otras soluciones más flexibles.
Al sector sanitario llegamos por casualidad, pues tras estudiar algunos modelos, ganamos nuestro primer concurso que fue un centro de salud. Después José María pasó mucho del tiempo que estuvo en el estudio de Moneo ligado al proyecto y obra de un hospital, lo que nos ha dado una mayor soltura para abordar este tipo de programas.
Entre vuestros últimos proyectos destacan varias clínicas públicas (Daimiel, San Blas) que combinan interiores con abundante luz natural y exteriores cerrados para potenciar la privacidad. ¿Por qué está dualidad y cómo se consigue arquitectónicamente?
En el caso de San Blas, el concurso que ganamos se convocaba de forma genérica para distintas ubicaciones, de forma que era imposible referenciar el edificio en sus orientaciones y sus vistas al entorno, debiendo ser capaz de funcionar de forma autónoma, volcándose al interior y construyendo un paisaje de patios en los que la única referencia cierta, independientemente de la ubicación es el cielo.
Daimiel, por su parte, se sitúa en el centro de un desarrollo residencial de vivienda pareada cuyas separaciones hacían necesario dotar al edificio de un mecanismo de protección de vistas. No es tanto un exterior cerrado como un exterior protegido, en el que el orden de los huecos no compita con los de las viviendas, siendo posible entender el edificio como un “objeto público”.
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