DJ Arquitectura
DJ arquitectura es un equipo formado por los arquitectos Juana Sánchez Gómez (Baza, Granada, 1972) y Diego Jiménez López (Motril, Granada, 1972). Licenciados por la Escuela de Arquitectura de Granada, tras colaborar con el estudio de Juan Domingo Santos, forman en 2001 en Motril (Granada) el estudio DJ Arquitectura.
"Confiamos en la intuición porque amplía lo subjetivo con connotaciones que no se pueden verbalizar"
¿Por qué optasteis por hacer de la arquitectura vuestra profesión?
Diego: Creo que ahora me he dado cuenta de que siempre me atrajeron profesiones que dentro de la creación tuvieran una implicación directa con el cuerpo humano: la cocina y la moda de manera muy directa y la arquitectura, mucho más envolvente. En mi familia y entorno -en el puerto de Motril- no tenía contacto con nadie que se dedicara a estas profesiones, no tenía ningún referente no sabría decir porqué me decidí por la arquitectura, fue otra intuición.
Juana: Cuando elegí la carrera creo que lo único que tenía claro era que debía ser algo que se llevara bien conmigo porque me acompañaría durante toda mi vida; otra cosa es hasta dónde, cómo quieres establecer esa relación. Yo descubrí entre mis profesores más queridos, no sólo que la arquitectura era algo más que construir, sino que podías intimar y hacer de ella algo más que una herramienta para “ganarse bien la vida”. Creo que esa actitud me cautivó, quizá porque me era afín. Me crié en el taller de mi abuela, dónde había que apartar los trapos para poner la mesa, o tomar la merienda en el mostrador del negocio familiar, el caso es que ahora comparto estudio con mi compañero, nuestros hijos duermen abajo mientras terminamos una entrega de concurso y entre mis mejores amigos se encuentran algunos de esos impetuosos arquitectos.
¿Qué os influyó más de vuestra etapa de formación en la Escuela de Granada?
Juana: La escuela estaba arrancando, la ilusión y las ganas de hacer eran su mejor motor. Un estado de ánimo del que todos parecíamos estar contagiados, como si nos acabáramos de enamorar, y que nos hacía aprovechar al máximo todo, y entre ello con especial interés, las visitas de los profesores de otras escuelas que venían embaucados por esas ganas. ¡Demasiada energía!, aún nos queda para continuar con la ilusión y la expectación por todo.
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| Casa Cofre en Baza (Granada): Pabellón bajo parra y cueva taller. Cambio interior sin alterar el exterior. |
La casa patio en Järvenpää (Finlandia) saca partido de valles y colinas |
¿Qué fue lo que más os chocó cuando, tras colaborar con el estudio de Juan Domingo Santos, creásteis el estudio en 2001?
Juana: La colaboración con Juan, al menos en aquella época, empezaba con el encargo de algún proyecto en concreto. Estar desde el arranque resultaba muy generoso porque te implicaba en todo el proceso, no sólo en la fase de producción de material gráfico. Y quizá por la confianza que Juan nos mostraba, y nuestra actitud, en poco tiempo dábamos forma a nuestras intuiciones acerca de aquel encargo, porque siempre nos ha interesado debatir acerca del proyecto proyectando, fijándolo en un dibujo. Así que nos gusta pensar que tuvimos algo que ver. Lo que sí sabemos es que la aportación de Juan hacia nosotros, a nuestra formación, fue comprobar como él canalizaba aquellas propuestas. Nos confirmó que más que saber lo que hacer uno sabe lo que no tiene que hacer, y sobre todo a valorar el lugar desde el que parte un proyecto.
Para nosotros fue como un taller intensivo, una prolongación de la escuela, en “la torre” la arquitectura perdía cualquier connotación de negocio, lo que te permitía ese arrojo y libertad de la que hemos hablado. Cuando formamos nuestro estudio, continuamos con esa misma actitud, y aunque no podemos decir que fue un choque, porque sabíamos que fuera de “la torre” era Juan quien tenía que lidiar con la otra parte del proyecto, presupuestos, desencuentros con quien lo encarga, normativa… -bastantes puntos suspensivos-, si comprobamos que comprometerte con la arquitectura, de la manera en que él también lo hace, requiere de mucho tesón y valentía.
Diego: Y frente a esto, también hemos comprobado que aquella, a priori casi ingenua, valentía y arrojo, que debatiendo con Juan parecía ser una actitud precipitada, nos ha sido de gran utilidad, como baza para afrontar los concursos, a los que destinamos gran parte de nuestro tiempo.
“Hemos comprobado que estar distantes de todo te da una mayor libertad, puedes pertenecer a todo pero también mantenerte al margen de todo”
¿Qué ventajas y qué retos supone dedicarse a la arquitectura desde una ciudad como Granada pero apostando por la movilidad en un campo ampliado de batalla?Diego: Como dice un buen amigo, vivimos en el mundo y dormimos en el Sur del Sur. Fijar nuestro estudio en Motril ya era una posición marginal frente a Granada, no queríamos ni pensar frente al resto de España y el mundo, sin embargo hemos comprobado que estar distantes de todo te da una mayor libertad, puedes pertenecer a todo pero también mantenerte al margen de todo. Estar fuera del circuito central relaja el compromiso frente cualquier “ismo”, y sobre todo no estar atento sólo al discurso global o de las grandes ciudades –del que ya se ocupan muchos- y vivir más cerca de una realidad más concreta, la de esas ciudades pequeñas, y para nosotros igualmente o más necesitadas de atención en estos momentos.
¿Qué queréis transmitir con vuestra arquitectura?
Juana: No tenemos una reflexión hecha con anterioridad para esta pregunta, nunca nos la habíamos planteado…y creemos que la falta de inmediatez en nuestra respuesta se debe a que es complicado delimitar unos objetivos. Nos parece más estimulante pensar que en su devenir cada proyecto nos aporta algo nuevo, por minúsculo que sea, que desconocíamos y por lo tanto no podía ser nuestro objetivo.
Pero sí nos gusta contar que abordamos los proyectos desde la intuición, que permite interpretar como parte de una estrategia, por supuesto, los criterios objetivos, pero sobre todo aquello que tiene que ver con nuestros sentimientos y la empatía con un lugar, y porque amplía y enriquece lo subjetivo con connotaciones que no se pueden verbalizar. Nosotros las experimentamos durante el proyecto como primeros habitantes virtuales, el deseo es que se amplíen, que encuentren sinergias con las de quienes lo hagan una vez construido.
¿Cuáles son los principales retos que os encontráis a la hora de trasladar un proyecto a la obra?
Diego: En el entorno en el que hemos construido, la falta de cultura arquitectónica. Plantear un proyecto que se salga de la respuesta y las soluciones constructivas convencionales supone para nosotros un sobreesfuerzo, ya que ese desconocimiento genera también cierta desconfianza, que tenemos que suplir con una mayor dedicación a la obra. Pero hemos descubierto que esta actitud perseverante, mantener el grado de ilusión y compromiso, hacen que ganemos la confianza en quien lo encarga y en quien lo construye, quizá por el respeto a este esfuerzo y lucha continuada, “si le ponéis tanto empeño por algo será” nos han comentado en alguna ocasión.
“Con el espacio público ¿se trata de lograr un mero escenario en el que desenvolvernos o de decidir qué estamos dispuestos a compartir?”
¿Cuál es la clave para la humanización del espacio público?Juana: Quizá esta obviedad, la voluntad de uso del humano. Como tan bien nos han contado entre otros Jan Gehl, podemos estimular esta actitud, favorecerla si facilitamos un lugar apto, confortable con suficientes grados de libertad y atractivo. Pero aprovechando una frase de Beigel y ampliando el contexto en que fue dicha “nosotros ponemos la manta y ellos ponen el picnic”. En este sentido lo que más nos inquieta es que no hemos sido capaces -hablamos de nosotros de manera personal- de concretar cuál es esa actitud, qué sentido tiene el espacio público para el “humano de hoy”, demasiadas singularidades; ¿se trata de lograr un mero escenario, un buen paisaje de la ciudad en el que desenvolvernos, o de decidir qué estamos dispuestos a compartir?.
Hace poco, en un artículo acerca de este mismo tema, nos sorprendió descubrir como esa humanización parecía ser un rescate de actitudes pasadas. Domesticar la calle nos remitía a la instantánea de un grupo de vecinos barriendo la calle, a la Gran Vía madrileña transitada por vehículos y viandantes a la velocidad de principio de siglo, o a talleres dónde los artesanos vendían los artículos bajo sus viviendas, entre otras; sin embargo, lo más común en la actualidad, es que el portal de la mayoría de las casas esté abocado a un pequeño y oscuro rellano, no a una relación tan inmediata con la calle, las velocidades de vehículos y transeúntes son bien distintas a las de aquellos años y la artesanía se haya rendido al made in China… ¿Se trata de una involución, nos estamos empeñando en rescatar actitudes que ya no nos identifican?. En nuestro entorno, disfrutamos aún esporádicamente de alguna de estas instantáneas y nos sentimos privilegiados, de algún modo por eso, pero esta situación periférica, de provincias, no sería suficiente para nosotros sin la convivencia con los viajes a grandes ciudades, de las que no sólo buscamos los servicios que sólo se sostienen por su densidad, también la necesidad de una bocanada de bullicio de vez en cuando. Pero sobre todo por los contactos que nos ha permitido ese otro mundo digital. Se trata de una cuestión personal en la que nos apoyamos para expresar la complejidad y ambigüedad de este tiempo a menudo contradictorio, donde existe una fascinación colectiva por las redes sociales, cuyo acelerado desarrollo apenas nos ha dejado tiempo para asumir estos cambios y ese sentimiento convive con un cierto resquemor o incertidumbre de estar mermando el contacto físico, y por ende un lugar tangible donde desarrollarlo, algo casi nocivo de la urbanidad. Pero, probablemente, son disyuntivas como éstas las que nos ayuden a innovar, sin renunciar a todo lo que hemos aprendido de situaciones pasadas. Si alguien tiene esa clave para la humanización del espacio público, por favor comuníquenoslo. Entre otros, para esta cuestión, podemos considerar un pensamiento de Clément "la nostalgia es incompatible con la vida".
¿Hacia dónde creéis que se dirige hoy en día la arquitectura?
Diego: No nos creemos lo suficientemente eruditos para abordar esta cuestión, sobre todo en temas tan bien debatidos por otros sobre cuestiones globales, de índole energética, de reciclaje, social o ambientales, aunque nos interesan muchísimo. Pero, si nos permiten, aprovecharemos para sugerir que “se empeñe” en lo pequeño como elemento indispensable para el devenir de la ciudad. La apuesta porque en cada proyecto, por pequeño que sea hay una gran oportunidad y un compromiso de generosidad con el lugar dónde se construye. Estamos cansados de ver como soluciones mediocres hunden excelentes posibilidades, sobre todo en ciudades de pequeña escala como en la que trabajamos, doende por desconocimiento, inoperancia, dejadez, o compadreo, no se les dedica a los proyectos el tiempo y el interés que merecen en sí mismos y en su compromiso con el hecho de que la suma de estas intervenciones es lo que construye en definitiva la ciudad. Una situación de difícil justificación en el ámbito de lo privado, pero imperdonable en los proyectos públicos donde apuestas como las de la piscina de Lobres, no son lo habitual. Por eso agradecemos la oportunidad de este proyecto, y nos atrevemos a valorarla como una de esas pequeñas aportaciones con toda la humildad y el valor que nos ha transmitido el ánimo de todo el que la visita.
¿Qué caracteriza, entonces, vuestro proyecto de la piscina municipal en Lobres (Granada)?
Pensamos el proyecto para la piscina como un trozo de paisaje traído a este lugar, de forma que conciliara lo urbano y la actividad pública del baño, con adecuada privacidad y autonomía, en una atmósfera de naturaleza lúdica favorecida por las cualidades ambientales de las que se disfruta en esta costa tropical.
Ese fragmento de paisaje es un valle artificial que se asienta a cota intermedia, aprovechando el desnivel, para no excavar en exceso debido a la dureza del suelo, y encuentra su mejor posición con relación al paisaje que lo rodea. Esta superficie, en donde se sitúan los vasos de nado y recreativo, se prolonga en planos inclinados que definen las laderas; su línea de cornisa variable tiene que ver con la delimitación del recinto de baño, la apertura de las vistas hacia el sur a través de las cubiertas con el mar de fondo, o el perfil de las lomas hacia el norte con el monte. Su altura permite la futura cubrición con una estructura ligera de cable tensado y material textil; esta cubierta eventual, se asemeja a la de los cultivos bajo plásticos de la zona, permite prolongar su uso después de la temporada estival; que junto a la conexión prevista con el gimnasio existente, amplía la oferta lúdica de espacios públicos durante todo el año.
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2012
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