Roldán + Berengué Arquitectes
Miguel Roldán y Mercedes Berengué, se graduaron en Arquitectura en la ETSAB-UPC, Barcelona. Dirigen conjuntamente, desde principios de los años 90, un joven equipo de diferentes nacionalidades, R + B, arqts. El trabajo de R+B se articula en torno a proyectos de diferentes escalas.
R+B han desarrollado desde piezas que van desde 4 kilómetros a 1 metro, a grandes piezas urbanas como “El Graell” en Vic (410.121 m2) o "Colonia Sedó" (13.620 m2), junto a "mimbre cerámico" una investigación de un prototipo industrial para una estructura al aire libre exhibida en Cevisama, Valencia (3x2m) son algunos ejemplos. En la actualidad tienen en construcción el centro cívico El Pinar, en Rubí (1.742 m2), y la reciente nueva sede corporativa del Colegio de Economistas de Catalunya (2.954 m2) en la Plaza de Gal·la Placídia en Barcelona.
"Cada proyecto nos revela algo y, por lo tanto nos recompensa; y al tiempo deja un rastro no resuelto que justifica seguir buscando"
¿Qué fue lo que os llevó a querer dedicaros a la arquitectura?
La arquitectura se asocia bien a la pasión. Solemos explicar a nuestros alumnos que de ellos esperamos una buena combinación personal de tres cualidades: curiosidad, pasión y criterio. Creemos que son los componentes necesarios que se requieren para comprender y conocer. Claro que con esos ingredientes uno puede aterrizar en varios campos, pero uno privilegiado sin duda es la arquitectura. No sé si en la universidad o incluso antes, alguno de nosotros tenía una intuición muy precisa de qué significaría ser arquitecto. En todo caso, nada que ver con la realidad. La realidad es mucho mejor: la arquitectura tiene muchos campos de maniobras que son extensos e intensos; genera una producción que a la vez es colectiva e íntima; mezcla un diálogo a dos con un eco público. Si a esto añades que Mercedes tiene una capacidad crítica infinita y que yo me encuentro muy cómodo haciendo preguntas, también debió haber algo que atañe al destino en nuestra decisión.
¿Qué recordáis de vuestros años de formación universitaria?
Básicamente los talleres de proyectos eran “el proceso” y la búsqueda de un paisaje emocional propio. Allí no tenía ningún valor fingir ser arquitecto ni en su versión “amable” ni en la de “raro absoluto”. La arquitectura era y es una manera particular de mirar y de pensar y no es casualidad que nuestra base de conocimiento use como verbo y sustantivo una palabra tan espectacular como proyectar. Proyectar habla de crear imágenes y de lanzarlas hacia el futuro. Y esa “posibilidad de realidad” se convierte de por sí en una realidad.
No nos olvidamos de que en cada una de esas etapas también construimos. Construir es otro de nuestros atributos porque de hecho la arquitectura es más un verbo que un nombre. En aquellos talleres simulábamos todo el proceso del diseño, se aprendía la doble condición de la arquitectura, íntima y compartida, que se materializa en el momento de la invención y en el momento de la crítica. Con parte de pathos, de ethos y de logos aprendimos, nos hicimos con un cánon de intereses envueltos en una impresión de crecimiento continuo, observando lo que hacíamos simultáneamente desde dentro y desde fuera junto con arquitectos que no han dejado de ser maestros desde aquellos días.
¿Cuál es la clave para mantener la ilusión en cada nuevo proyecto e intentar responder con arquitecturas respaldadas por ideas económicas, políticas, sociales, de arte y de ciencia?
Esta pregunta tiene dos partes. Sobre la ilusión os diremos que cada proyecto nos revela algo y, por lo tanto, nos recompensa. Al mismo tiempo deja un rastro no resuelto que justifica seguir buscando. Sobre la segunda parte de la pregunta, creemos que la arquitectura, como todo acto de creación, tiene una dimensión específica que atañe a su propia disciplina y otra, genérica, vinculada al contexto social y temporal donde sucede. Intentamos trabajar con ese marco amplio, pensando que algunas claves del por qué, el cómo y el cuándo están en esas referencias cruzadas.
![]() |
![]() |
![]() |
| Vista del coro y del retablo de la Iglesia de los Trinitaris de Vic |
42 viviendas sociales en Av. Vallcarca de barcelona |
CEIP L'Amistat en Figueres (Girona) |
Uno de los momentos a los que prestáis más atención es al estadio inicial cuando las ideas aún no están transformadas en arquitectura. ¿Cómo lográis encontrar intersticios en lo que se os pide?
Trabajamos casi en exclusiva para el sector público por lo que nos hemos criado en la cultura de los concursos. Esa agenda consolida una manera de hacer particular: tiempos cortos y acelerados, compromiso de síntesis. En este contexto, respondiendo a la pregunta, os diríamos que tenemos como hábito dilatar el momento de discusión previa de los proyectos antes de ponernos a dibujar. Para los arquitectos lo visual, que constituye el 50% vital de nuestro lenguaje, no es un instrumento completo sin la otra mitad, el lenguaje verbal. ¡Cuántas veces un dibujo es un “pre-juicio” y cuántas una palabra vale por mil imágenes! Para poder escaparnos de esas trampas le damos un tiempo a cada uno. Ese diálogo más lento es muy eficaz cuando se trata de indagar o descifrar la pregunta para poderla reescribir. ¿No es esa reescritura la arquitectura al fin y al cabo?
¿Cuáles son los retos que os encontráis al trasladar un proyecto del papel a la obra?
Creemos que se trata más de un ciclo que de un salto. Claro que del “papel” se pasa a la obra pero también es constante el movimiento en sentido inverso. Preferimos pensar que las obras son entidades en crecimiento más que un proceso cuyo único fin es llegar cuanto antes a una situación final de objeto acabado. En ese trayecto las obras, incluso en términos puramente espaciales, pasan por situaciones de expansión y de contracción, de plantear preguntas para proyectos futuros o confirmar intuiciones que has tenido al imaginarlas.
Otro día podríamos hablar también de cómo medir “la exactitud” en ese trayecto y de la manera de adaptarse a las desviaciones.
“Las obras son entidades en crecimiento más que un proceso cuyo fin es llegar a una situación de objeto acabado”
¿Cómo conseguís que vuestros edificios creen ciudad/territorio además de responder al programa exigido?
Los objetos no existen, ni en la abstracción de los laboratorios y aún menos en arquitectura. Trabajamos con sistemas. Claro que en el proceso de proyecto podemos trazar un territorio, separarlo intelectualmente del contexto y aislarlo para estudiarlo de una manera más precisa. Pero, sin duda, después ha de volver al lugar al que pertenece. Cuando decimos lugar nos referimos a una condición que va más allá de la meramente física de un solar. Nos referimos a un marco de referencias globales que son indispensables para entender cuál es nuestro trabajo. No es lícito renunciar a esa complejidad.
Más allá de vuestro estudio, habéis desarrollado una importante actividad en el campo de la docencia. ¿La Universidad es el mejor laboratorio de investigación arquitectónica?
La Universidad tiene fuertes muros que protegen a los estudiantes, básicamente dándoles tiempo para que simulen y se construyan como arquitectos. Esos muros son tan sofisticados, en las buenas universidades por supuesto, que al mismo tiempo son de una extrema permeabilidad, lo que les permite observar la realidad exterior, salir, interactuar con ella y volver. Por cierto, esos muros, en términos no metafóricos aún no están inventados en la arquitectura real. Por supuesto que participar en esos procesos es un privilegio. Ya ves que no describimos el placer de la docencia como una relación profesor-estudiante. En general esa jerarquía empobrece la comunicación.
“La arquitectura es, en cada una de sus escalas, progreso y, por lo tanto, futuro”
¿Qué papel consideráis que debe jugar el arquitecto hoy en día en la sociedad?
La arquitectura es, en cada una de sus escalas, progreso y, por lo tanto, futuro. Además, la arquitectura es industria y es cultura. Estos son mercados de inversión de largo recorrido.
¿Hacia dónde creéis que se dirige la arquitectura a corto y medio plazo?
No en su literalidad formal, sino en su definición tecnológica, energética y social, la arquitectura trazará un camino progresivo de convergencia hacia la biología y la ingeniería. Este destino, a largo plazo, será una búsqueda de soluciones a la ecuación más tecnología y más naturaleza. La respuesta sin duda será: “con diseño”. Estamos seguros que a esa amalgama se le seguirá llamando arquitectura.
Recientemente habéis finalizado una singular torre de 75 viviendas en la Plaza Europa de L'Hospitalet de Llobregat para el Incasòl. ¿Qué objetivos os marcásteis para este proyecto?
La pieza que hemos construido fue objeto de un paquete de concursos públicos en febrero 2005. En nuestra propuesta reescalábamos la torre atendiendo a su posición como pieza en el límite con los tejidos consolidados de L'Hospitalet intentando visualizar con el edificio un tránsito entre las torres de la Plaza Europa y los bloques de 5 plantas que configuran el contorno.
Así, agrupando las plantas de 3 en 3, la imagen de la torre, percibida en una especie de plano cinematográfico largo, podría acercarse a la de un edificio de 5 plantas de altura. Consecuentemente la escala de las ventanas, según esa ley de agrupamiento, también se transformaba en marcos de 10 metros de altura y diferentes anchuras. Para ser más precisos, la fachada y las ventanas, estas últimas seriadas y moduladas en piezas de dimensiones semejantes a una puerta (0,8 x 2,10 m), se suceden en planos diferentes estas últimas con una profundidad que varía entre 50 cm y 1,2 metros y que enfatiza el concepto de grandes tribunas invertidas. En cada sección de la torre la primera planta de cada serie de 3 es un balcón.
Como enseñan algunas de las imágenes en “un plano corto” que produjimos para el concurso, estos marcos evitan la impresión de vértigo porque entre el interior de las viviendas y el exterior amplio siempre se sitúa un elemento intermedio: balcones, jambas o los dinteles de estos grandes huecos. Tipológicamente, la torre está configurada en planta como dos torres con un pasillo de circulación en forma de T y escaleras en los extremos a través de la cual se ilumina interiormente la zona de circulación. Cada una de las torres tiene dos viviendas de 69m2 en los extremos y una de 56 m2 en posición central. En total, el programa es de 75 viviendas. En nuestro proyecto, la distribución de las viviendas comienza en la planta 14 y va descendiendo de manera que el compactado desde el piso superior libera un espacio de 3 niveles de altura en forma de T en el acceso. Esta pieza, generosa en volumen y sobria en medidas y acabados, en su dimensión más larga acaba siendo una calle con accesos desde los dos extremos y tiene unas dimensiones no usuales para los vestíbulos de edificios de vivienda pública. Pensamos que tanto los grandes marcos de las fachadas como este espacio de vestíbulo trabajan como espacios intermedios de relación, configurando la escala de lo comunitario, entre la escala de lo individual y privado de las viviendas y la escala de lo público de la ciudad.
Otro de vuestros últimos proyectos es un centro de salud en La Garriga (Barcelona). ¿Cómo habéis resuelto este equipamiento?
Tipológicamente el Centro de Salud de la Garriga es una excepcionalidad por las dimensiones del solar, por las condiciones topográficas y por situarse como esquina de un parque. El edificio, que tiene en su parte más alta cinco plantas, aparece sin embargo como un edificio de dos plantas en la calle Sant Francesc y como un edificio de una planta con un telón de fondo de dos plantas y cubierta en el parque. Esto se consigue haciendo que el edificio crezca hacia arriba y hacia abajo mediante un sistema de patios donde se localiza bajo rasante el 60% de superficie del programa. El plano que los divide es la cubierta de terrazo amarilla que extiende la cota de la calle. La compleja geometría en planta y en sección del solar se ha solucionado dando valor cromático a este plano como si fuera un nuevo suelo cero. Sobre este, que es la fachada que se percibe desde las zonas de espera, se sitúan no sólo el cuerpo de las consultas sino también las instalaciones, las chimeneas y los lucernarios. El edificio se resuelve de una manera austera en materiales y colores, los grises claros del hormigón y el acero de las rejas celosías y el blanco y amarillo de los interiores.
En la Iglesia dels Trinitaris en Vic (Barcelona), ¿qué importancia ha jugado la luz a la hora de resolver este proyecto?
Admiramos a los maestros Turrell y Flavin y por eso creemos que la arquitectura tiene siempre un “motivo físico” y el destino de “significar”. En Els Trinitaris la luz toma la forma de las gárgolas de las iglesias. Con esta colección de objetos que como una metáfora tridimensional son transportados desde “el fuera” “al dentro”, hemos querido evocar en este lugar interior y estático esa otra espacialidad abierta, diáfana y cambiante de la luz solar. Uno de los esfuerzos de proyecto ha sido la utilización de un solo material, dos bobina de acero. Esto proporciona la ventaja de trabajar con un solo industrial provocando un proceso más rápido y económico. Además la multiplicidad de tratamientos que permite el acero posibilita usarlo como distintos elementos: suelos, gárgolas, bancos, revestimientos de puerta, etc. En esta habitación hay 24 soles de acero blanco; contienen luz, sonido, y el clima que renueva el aire del templo, como las máquinas de “la respiración perfecta” que dibujaba Le Corbusier. Esas gárgolas , que se han construido con un esfuerzo que sólo puede ser colectivo, se asoman desde la cornisa con un vuelo de un metro y pesan 70 kilos cada una. El nuevo suelo es una fina lámina de planchas metálicas de 1,5 mm depositada sobre el solado existente. El acero mantiene la calamina del alto horno como la huella dactilar que hace cada pieza diferente. El brillo y los reflejos oscuros del barniz provocan que cualquier visitante parezca andar sobre esta especie de piscina interior de profundidad infinita.
Añade la sección a tus redes sociales




















2012