SaAS / Sabaté Associats Arquitectura i Sostenibilitat
Joan Sabaté (Manresa, 1960) es arquitecto por la ETSAB, UPC (1986) y socio fundador de SaAS, una sociedad especializada en el desarrollo de proyectos de arquitectura sostenible.
El trabajo de este estudio busca la síntesis entre la calidad arquitectónica, la eficiencia ambiental y la responsabilidad social. SaAS cuenta con un departamento de I+D+i especializado en arquitectura sostenible en el área mediterránea, desde donde ha iniciado un ambicioso proyecto de reducción del impacto ambiental y las emisiones asociadas a la edificación.
"Queríamos construir edificios sostenibles, flexibles y sobrios. Por eso nunca nos ha interesado la arquitectura icónica"
¿Qué te hizo querer ser arquitecto?
Mi abuelo era un constructor de obras especial, empresario, anarquista y gran lector, que despertó en mí el deseo de construir, a partir de la materia, pero también a partir del espíritu, con edificios que tuvieran una razón de ser social, que sirvieran para las personas. Al final yo fui arquitecto. Pasar del urbanismo social a la tecnología de la sostenibilidad fue un recorrido razonable, pero casual.
¿Qué te influyó más en tu época como estudiante en la ETSAB?
Creo que tuvimos el privilegio de contar con unos profesores excepcionales que eran a la vez arquitectos de prestigio: Oriol Bohigas, Ignasi de Sola-Morales, Elio Piñon, Albert Viaplana, Enric Miralles, Ignacio Paricio, Carlos Ferrater, Elias Torres... Fue realmente un lujo, que quizás no supimos valorar suficientemente en su momento. Por contra, cuando llegué a la ETSAB una parte fundamental del debate sobre arquitectura y sobre todo sobre la ciudad, con Manuel Sola-Morales, estaba ya en su fase final. Entrábamos en la década prodigiosa de los 80’, pero con la sensación de que nuestra generación llegaba tarde, y que los que habían participado directamente en el debate se repartían el urgente trabajo de llevar las ideas a la práctica, mientras que nosotros nos quedábamos –de hecho nos hemos quedado durante más de dos décadas– actuando como teloneros, y justo ahora que llegaba el relevo generacional ¡aparece la mayor crisis desde 1929!
En el año 2000 fundas el estudio SAAS a través del cual todos los proyectos están pensados con criterios de construcción sostenibles. ¿Qué valoración haces de estos años de actividad?
Yo llegué a la ecología desde la ética –del socialismo utópico y la no-violencia– y a la arquitectura desde el oficio familiar, poder unir estas dos facetas ha sido algo muy importante para mí. Desde antes de finalizar mis estudios trabajaba con L. Clotet y I. Paricio, de ellos aprendí a pensar la arquitectura en términos de “orden” [Clotet] y “materia” [Paricio]. Yo actuaba de enlace entre estos dos pensamientos tan contundentes. Más tarde, con H. Espeche en SaAS, y C. Claret en Escuela de Arquitectura de La Salle, ampliamos estas ideas incorporando otros conceptos como energía, proceso, participación…
Al fundar SaAS ya tenía claro que tipo de arquitectura quería construir, llevábamos años proyectando edificios sostenibles y faltaba sólo dar mayor visibilidad a la propuesta. También queríamos construir edificios flexibles –que no condicionaran la forma de usarlos– y sobrios –considerando que la arquitectura es el entorno donde transcurre la historia de la vida, y no la protagonista de esta historia–. Es por eso nunca nos ha interesado la arquitectura icónica.
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| Prototipo LIMA (Low Impact Mediterranean Architecture) en Construmat 2009. Autores: J. Sabaté, C. Peters. |
Biopol L'H, propuesta ganadora. Autores: UTE SaAS-ZAP, J. Sabaté y A. Zaera |
Banco de Sangre y Tejidos de Cataluña (BST) en el 22@ de Barcelona. Autores: J. Sabaté, H. Espeche y A. Cazurra |
Qué valores se mantienen constantes en todos vuestros proyectos sin importar la tipología, escala y tiempo? ¿Cuáles son las claves para lograr la síntesis entre calidad arquitectónica, eficiencia energética y responsabilidad social?
Creo que la nuestra es una arquitectura de “lo real”, buscamos plantear correctamente los problemas más que encajar soluciones predeterminadas. Por eso nos horrorizan las “trampas”. Lluís Clotet decía a propósito de los “falsos” que habitan en tantas obras de arquitectura, que “Dios lo ve todo” –no sé si es este ramalazo irónico-religioso de Lluís o la ética anarquista de mi abuelo, lo que explica mi angustia ante la mentira–.
Nuestra idea es crear estructuras, o incluso estrategias, más que composiciones; edificios que se adapten al lugar y las circunstancias, y que sean capaces de absorber sin traumatismo, las transformaciones que la vida les exigirá. Nunca deberíamos de valorar una obra de arquitectura recién terminada: esperemos diez o veinte años y veremos cómo es realmente esa obra.
Hay modelos que nos ayudan, como L. Kahnt, con su separación entre espacios servidores y servidos, la forma de proyectar de G. Murcutt, o casi toda la producción suiza de los últimos diez años, extraordinaria. Hace años planteé, como reflexión académica, que la estructura organizativa de la arquitectura debía mucho a tres órdenes implícitos que denominé de los usos, la estructura, y las instalaciones. Si uno logra que dialoguen estos tres principios ordenadores, el proyecto empieza a encajar sólo, en ese punto de “facilidad” que genera un proyecto bien planteado, y que hemos experimentado, en ocasiones, todos los que proyectamos…
También hay otra idea cada vez más presente en nuestra obra, pensar los edificios en funcionamiento, no como montones de materia ordenada sino como organismos vivos, que intercambian materia, agua y energía con su entorno o a veces incluso con otros espacios situadas a miles de quilómetros de distancia. Esta concepción del edificio lo acerca a los modelos biológicos de Capra o Maturana, y nos permite plantear la sostenibilidad desde una concepción general del proyecto, y no a partir de la adición de “gadgets” ecológicos. ¡La sostenibilidad siempre se basa en “quitar”, nunca en “añadir”!
Finalmente queda lo formal. En realidad nunca empezamos por ahí, lo cual no significa que no nos preocupe la estética de nuestras obras, pero ésta no entra nunca por la puerta principal –como objetivo a conseguir– sino que aparece como el resultado de un buen argumento y de un desarrollado acertado. Esta manera de proyectar se ha contagiado a todos los miembros de SaAS, de modo que debemos de ser el único despacho de arquitectos en el que ¡nadie quiere dibujar fachadas!
“Creo que la nuestra es una arquitectura de 'lo real', buscamos plantear correctamente los problemas más que encajar soluciones predeterminadas”
En el despacho contáis con un departamento de I+D+i especializado en arquitectura sostenible en el área mediterránea. ¿Qué logros estáis obteniendo de vuestras investigaciones?Ésta fue una apuesta importante para SaAS y ha estado vinculada desde su inicio a Christoph Peters. La incorporación de un espacio específico de I+D+i nos ha permitido profundizar en aspectos de la sostenibilidad y contactar con otros núcleos de investigación europea, y en estos momentos se ha transformado en nuestra mejor carta de presentación.
En los últimos años hemos analizado el impacto del ciclo de vida de los edificios –y nos hemos sorprendido del coste ambiental que supone construirlos–, hemos estudiado los costes de inversión y los periodos de retorno de diferentes opciones sostenibles, redactado propuestas ambientales para barrios y campus universitarios, realizado propuestas de cubiertas vegetales con estrés hídrico, analizado el ciclo del agua, y aspectos que desconocíamos como los efectos de las edificaciones sobre la salud... En estos momentos estamos trabajando en tres proyectes europeos, dos de ellos IRH-MED y MARIE, con el objetivo de definir las bases de la sostenibilidad en el entorno mediterráneo, y el tercero UP-RES enfocado a la formación ambiental de los urbanistas.
Pero nuestro proyecto más emblemático en este campo es sin duda LIMA, Low Impact Mediterranean Architecture cuyo objetivo es demostrar la viabilidad, económica, tecnológica y cultural, de construir edificios de bajísimo impacto en el área del Mediterráneo. Para ello desarrollamos un prototipo experimental demostrativo, con la ayuda de un clúster de empresas [KLH, Verdaguer, Fustiland, Siemens, Mitsubishi, Giacomini, Leako, Keim, Giscosa…] para posteriormente monitorizarlo. Este proyecto ha sido distinguido con el Premio de Sostenibilidad 2009 de la Generalitat de Catalunya y Acció 21, 2010 del Ayuntamiento de Barcelona y el soporte de la Fundació de la Caixa de Pensions.
“Cada vez tenemos más presente pensar los edificios en funcionamiento, no como montones de materia ordenada sino como organismos vivos”
En 2010 finalizasteis el Banco de Sangre y Tejidos de Cataluña (BST), todo un referente en construcción eficiente. ¿Qué criterios arquitectónicos habéis introducido para conseguir una reducción de consumos tan importante.?El BST es nuestra apuesta más innovadora aplicada a un edificio real, con usos complejos y de altas prestaciones. El proyecto sigue la línea de otras obras de SaAS, y aplica tecnologías específicas para edificios de oficinas, o en este caso laboratorios –que se caracterizan por tener una alta energía interna– en un clima mediterráneo, y por tanto un exceso casi permanente de energia. En lo básico se trata de sumar estrategias pasivas [inercia térmica de la fachada, umbráculo en la cubierta, uso de cristales selectivos y protecciones solares interiores altamente reflectantes que transportan la luz hacia el interior…], sistemas técnicos eficientes [free-cooling, recuperadores de calor, refrigeradoras con compresores levitantes…] y control [BMS con DALI integrado para luminarias y persianas…].
Ninguna de las tres estrategias por sí sola lograría el resultado del conjunto, en este caso reducir el consumo de climatización en más del 70% [86% si consideramos sólo la producción de frio], reducir un millón de kWh anuales de energía final evita 900 TM de CO2eq. En este proyecto también analizamos el coste a lo largo de su ciclo de vida –inversión inicial y costes de explotación, mantenimiento y de suministros–. El resultado fue que con sobrecosto inicial de 1 M€, respecto de los 29 M€ de presupuesto, lográbamos un ahorro en la cuenta de explotación de 200.000 € anuales. ¡El edificio se transforma en una inversión que rinde un 20% anual! El BST ha sido premio Endesa - BCN Meeting Point 2009, finalista del Sustainable Energy Europe Awards 2011, y representante español en Sustainable Architecture Across Europe 2010, Bruselas y en el Green Building Challenge 2011, Helsinki.
¿En qué otros proyectos estáis trabajando actualmente?
La crisis económica está afectando de modo durísimo a los arquitectos que, según fuentes del COAC, han visto como los encargos se reducían en un 90%. La administración pública, nuestro principal cliente, ha paralizado las inversiones hasta el punto que ganar uno de los escasísimos concursos, a los que concurren decenas o centenares de equipos, ya no garantiza poder realizar el proyecto, y no digamos construir el edificio. En estas circunstancias hemos optado por incrementar nuestro ámbito de trabajo y expandirlo geográficamente.
Así hemos potenciado el área de innovación, con proyectos financiados con fondos de la UE y la ONU, estamos asesorando administraciones de otros países, y hemos iniciado un camino muy sugerente en el desarrollo de sistemas constructivos específicos para la sostenibilidad, para empresas líderes del sector. En concreto en estos momentos desarrollamos un sistema de cerramientos muy innovador para edificios de bajo impacto, que saldrá al mercado el próximo año. Tanto en estos aspectos como en los directamente vinculados al proyecto arquitectónico, estamos iniciando un proceso de internacionalización, que de momento se centra en el cono sur americano (Argentina, Chile y Uruguay) y en los países limítrofes del Mediterráneo (Francia, Italia, Marruecos…).
También hemos optado por impulsar un nuevo proyecto empresarial para fabricar edificios según el modelo LIMA, para viviendas, escuelas, pequeñas residencias y otros usos similares. El proceso de producción industrializada permitirá desarrollar un proyecto totalmente personalizado, de altísima eficiencia y basados en los principios de la bio-construcción. Las condiciones de compra serán de “llaves en mano”, con opción a mantenimiento, y el coste similar al de una construcción convencional, eso sí, ¡en sólo tres meses podrás disfrutar de ella!
Fotografías: Lluís Casals / Francesc Garreta
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2012