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juli3 Juli Capella (Barcelona, 1960), arquitecto por la ETSAB en 1991, ha desarrollado su actividad dentro del campo del diseño y la arquitectura; tanto en proyectos creativos de diseño gráfico, diseño industrial, interiorismo, arquitectura y urbanismo, como en la vertiente teórica de estas disciplinas. Junto Miquel Garcia lidera el estudio Capella-Garcia Arquitectura, autor de proyectos como los centros de entretenimiento Ziz Zag en Murcia y Heron City en Barcelona; los hoteles Omm y Diagonal Barcelona (Silken); el paseo marítimo de la playa La Pineda y la discoteca Pachá en Vila-seca o el edificio de oficinas en Diagonal 203 de Barcelona, entre otros. Ha sido mención de honor en los Premios Nacionales de Diseño 2000 y presidente del FAD 2001-2005.




“He tomado la decisión de ser activista y pro-positivo”


¿Cómo fueron los inicios como arquitecto?
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n mi casa fue muy buena noticia que yo estudiase arquitectura. Mis padres estaban obsesionados con que estudiase, ya que ellos no lo hicieron. Yo de pequeño quería ser misionero o inventor. Finalmente, decidí hacer arquitectura y me contagié del entusiasmo de la profesión. Es cierto que algunos profesores desmotivaban, pero otros eran excelentes. Hice la carrera curso por año, aunque lo que realmente me gustaba eran las revistas, las publicaciones y las visitas a diferentes despachos de arquitectos. Al principio nadie me encargaba nada y yo no lo entendía, pero luego me di cuenta de que la imagen del arquitecto hace mucho. El cliente no es tonto. La arquitectura es siempre a largo plazo, de ahí que el cliente tenga oportunidad de tratar mucho con el arquitecto. El engaño se descubriría enseguida. Además, cuanto más seductor se muestra el arquitecto, el cliente más recela. 


¿Cuáles son sus preferencias como arquitecto y diseñador?
Yo sigo simultaneando todas las facetas, pero partamos de la base de que a mí me gustan más las cosas de los demás que las mías propias, de ahí que me dedique a promocionar el diseño de los demás. Me gusta también la crítica, el ensayo, la elucubración y el diseño. Soy creativo por naturaleza. Siempre estoy creando algo, ya sea un proyecto o una revista. Por un lado, me gusta reflexionar y analizar y, por otro, crear. Lo que tengo claro es que jamás seré un crítico frustrado, como les ha ocurrido a muchos arquitectos.
Por otra parte, no quiero ser un constructor voraz. Hay muchos que se olvidan de la reflexión y de mirar el panorama actual de la arquitectura. No les gusta nada el trabajo de los jóvenes.  A mí, tanto un extremo como otro me da mucho miedo. Intento sacar lo mejor de ambas posturas. Normalmente, me gusta casi todo. La gente no lo entiende. Creo que de todas las cosas se extrae lo positivo. He tomado la decisión de ser activista y pro-positivo.  


¿Qué contradicciones encuentra en el mundo de la arquitectura?
Mi posicionamiento tan particular se complica mucho a la hora de ponerme de acuerdo con los compañeros. Por ejemplo, me pasa que yo critico los centros de ocio o los hoteles porque me parecen todos iguales y, entonces, cuando me encargan uno a mí, son más exigentes. Por esto, es cierto, que me provoca contradicciones estar en un mundo doble, aunque me da satisfacciones. Sigo pensando que el 95% de la arquitectura de España es muy mala, pero aun así, hay algo mágico en ella, el hecho de poder llegar a hacerlo realidad. Para mí, el boxeo es el símil de la arquitectura. Son golpes con todo el mundo,- clientes, proveedores, maquetas etc.-,  mucho desgaste con una cierta actividad pacifista. Por eso, todo lo construido merece respeto y admiración. 


“A mí me quedan prejuicios, pero intento compensarlos con una alternativa acertada. Para no acumular prejuicios, es muy importante no repetir proyectos.”

   

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Hotel Vapor Gran en Terrassa (Barcelona)
El puzzle de la fachada del Hotel Vapor Gran surge como expresión de una voluntad interior Los pasillos se bifurcan, quedando el núcleo de comunicaciones en medio


¿Qué caracteriza su arquitectura?
Siempre me ha gustado llevar un poquito la iniciativa. Me gusta hacer las cosas a mi estilo. Soy muy quisquilloso y muy puñetero en este sentido. La gente me considera así también. No grito nunca pero soy muy beligerante. Me gusta estar en la fase germinativa del proyecto e ir a la obra. Antes de hacer el proyecto, me invento una historia conceptual. Es algo mental, no lo escribo. Para que se entienda, lo tengo que levantar. Jamás soy formalista. De hecho, querría poder demostrar que soy absolutamente funcionalista. No hago formas ni esculturas, resuelvo problemas. No estoy de acuerdo con esa arquitectura que se salta a la torera la resolución de un problema funcional. Una vez resuelto esto, hay un abanico infinito de formas. Por supuesto, más es más, quitando el excesivo recargamiento del barroco. Aunque parezca que yo daría la vida por el diseño, lo que más me importa es el ser humano, las personas que viven en la casa.

¿Cuál considera que sería el ornamento de su arquitectura?
Creo que el mío es el relato, en el sentido de que es algo más añadido. Ornamento es aquello que no siendo imprescindible es apreciable, aporta algo. Yo doy  mucha importancia a los valores simbólicos en la vida, son signos necesarios siempre, que fácilmente se convierten en ornamentos. Estos ornamentos vienen de formas funcionales, como las columnas jónicas y dóricas. Esta decoración sustancial es la que nos interesa. Son expresiones del propio proceso constructivo. Es importante que la decoración siga siempre un argumento. Todo tiene un porqué y mi forma de resolverlo prefiero que sea armónica y bella. Yo trabajo mucho por tanteo, no soy un genio.

¿Cómo os organizáis y funcionáis en el despacho?
Trabajamos muy a gusto, con una gran armonía. Una de las cosas que les pido es que se equivoquen, pero en la misma cosa una sola vez. Equivocarse es digno de alabanza, pero, repetidamente, me exaspera. A mí me quedan prejuicios, pero intento compensarlos con una alternativa acertada. Para no acumular prejuicios, es muy importante no repetir proyectos. Yo en la vida siempre he sido más colectivista, me tira menos lo unipersonal, aunque, en ocasiones, me gusta, como Ferrater. El lenguaje es muy importante en esta cuestión.

 

“Me gustan más las cosas de los demás que las mías propias, de ahí que me dedique a promocionar el diseño de los demás”


¿Qué consejo le daría a los arquitectos más jóvenes?
Les diría que no intenten acercarse al poder, no les va a aportar nada. Hay que acercarse al imán del conocimiento, allí donde creas que puedes prosperar como arquitecto. Por un lado, los medios de comunicación, por otro los arquitectos y lo más importante, que es cultivarse extra arquitectónicamente, hay que vivir la sociedad – ir al cine, escalar, hacer turismo-, para luego servirla. Además, hay que exigir a las asociaciones que les ayuden a promover su carrera.

Uno de sus últimos proyectos es un hotel de nueva generación en Lleida. ¿En qué ha consistido el proyecto del Hotel Natura?
El proyecto es fruto de un concurso organizado por la promotora Eizasa en el que apostamos radicalmente por lo que consideramos mejor para la ocasión. Esa última fue la decisión que tomamos, que aprovecha la forma puntiaguda del solar, situado en una gran avenida sobre una rotonda de entrada a la ciudad. Decidimos enclavarnos en ese ángulo y deslizar el volumen con formas curvas hacia el resto del solar. De ahí surgió una hoja, o una lágrima, que permitía diversas funciones: independizarse del resto de construcciones en línea, apuntar hacia la avenida y distribuir las habitaciones en atrio a su alrededor. Conseguida la volumetría que permitía los usos y encajada como hito en la ciudad, era necesario darle una piel sugestiva. La fachada es finalmente la repetición de la forma ojival, pero con una dimensión y colocación aparentemente desordenada, que tiene el efecto de borrar el numero de plantas y desdibujar la escala.

En cuanto al Hotel Vapor Gran de Terrassa, ¿cómo habéis organizado el puzzle de su fachada?
Pensamos que su piel podría conferirle personalidad de equipamiento. Pero para diseñar la piel, la fachada, siempre nos basamos en el interior, como deber ser, no era un capricho estético sino la expresión de una voluntad interior: poner dos ventanas juntas, pero con dos alturas: una para cuando estás de pie y otra para cuando estás acostado. De esta forma surgió la unidad del hueco de fachada dúplice, que al irse combinando convenientemente conforma un puzzle de piezas de hormigón prefabricado.

 

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Tags: Juli Capella Barcelona


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