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Corea Morán Arquitectos
Los arquitectos Mario Corea (1939, Rosario, Argentina) y Luis Morán (1970, Terrassa), además de profesor y alumno, han establecido una fructífera relación profesional que les ha llevado a asociarse como estudio en el año 2000. Especializados en obra pública, consideran cada proyecto como una oportunidad de generar espacio urbano.
“Nos interesa la obra construida, la luz como calificadora del espacio y el pensamiento urbano”
¿Qué te llevó a la arquitectura?
Mario Corea: No tengo antecedentes familiares. Mi padre quería que fuera doctor, abogado o médico. No entré por vocación, sino porque me gustaba dibujar y me gustaba la arquitectura. Desde muy pequeño me gustaba construir cosas, mis propios juguetes (aviones, coches). Sin tener un antecedente fuerte en la familia, me fui integrando y después ya me metí en la carrera.
¿Quién te ha influido más para llegar a desarrollar una vocación como arquitecto?
MC: Cuando me fui a Estados Unidos, la figura de Josep Lluís Sert fue fundamental. Entré como maquetista y me marcó la vida. Fue un padre y un maestro. Tuve la suerte de estudiar y trabajar con Sert, y me despertó la vocación, que mantengo hasta hoy. En los tres años que estuve en su estudio es cuando surge mi pasión por ser arquitecto.
En estas décadas de profesión, ¿qué valores se mantienen constantes en tu arquitectura?
MC: El primero de ellos es el pensamiento urbano: amor cuidado por la ciudad y por el paisaje. Es decir, entender el lugar, que es la marca genética de la arquitectura. La arquitectura ya está en el lugar antes de ser arquitectura, si sabes entender el lugar encuentras la arquitectura que encaja y que construye ese lugar. No importa el tamaño, la escala o el lenguaje. Otro de los valores constantes es como trabajamos la luz. La luz siempre es la calificadora del espacio. El tercer elemento es que somos arquitectos que nos interesa la obra construida.
“La arquitectura es para la gente. Somos intermediarios en transformar requerimientos y necesidades, en edificio”
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| Maqueta de la Estación Intermodal del Baix Llobregat en el Prat (Barcelona) |
Pabellón ferial y deportivo de Tortosa (Tarragona) |
Planta alta |
Desde 1998, Luis Morán forma parte del estudio como arquitecto asociado y dos años después establecéis Corea Morán Arquitectura. ¿Qué es lo que os llevó a esta colaboración?
Luis Morán: Para mí la arquitectura es una pasión, además de la profesión que hemos elegido. La arquitectura te cambia la forma de mirar y entender todo lo que te rodea. Tuve la oportunidad de tener a Mario como profesor y después de terminar un ejercicio me propuso ir a su despacho. Allí, por circunstancias de la vida, por afinidades y porque nos entendemos, conseguimos formar una dupla muy complementaria, que permite mejorar las cosas con el diálogo que mantenemos. He pasado de trabajar como delineante a ser socio, en un proceso de 10 años. MC: Esta asociación, me ha permitido a pesar de la edad, que nuestra arquitectura tenga cierta juventud, que se la dan ellos, pero que creo que yo también aporto a pesar de la edad.
La gran mayoría de vuestra obra es obra pública, aunque de diferentes escalas (hospitales, escuelas, pabellones deportivos). ¿Qué ofrece este tipo de cliente?
MC: En el fondo, esta arquitectura la paga la gente y es para la gente. Somos intermediarios en transformar unos dineros y unas necesidades en un edifcio. Dentro de un marco de presupuestos reducidos vemos cómo se puede sacar punta al lápiz para hacer arquitectura. Nunca nos hemos quedado en el nivel del profesionalismo, siempre estamos buscando, probando, leyendo y yendo al máximo que nos permite la realidad. Que cada proyecto tenga un valor arquitectónico y un mensaje de realidad.
¿Qué buscábais con el Pabellón ferial y deportivo de Tortosa, una de vuestras obras públicas más emblemáticas?
La propuesta fue planteada asimismo como una reflexión acerca de la tipología del pabellón: la masiva caja rectangular, de nave con cerramientos potentes y gran cubierta ligera. El diseño se basó en un planteamiento de priorización del sistema estructural como definidor del espacio, generador de formas y establecedor del orden funcional sobre cualquier otro tipo de concepto: la estructura debía constituir al edificio en sí mismo. El edificio resultante es construcción básica pero rotunda, proporcionando una gran flexibilidad y consciente de su voluntad de ofrecer, en su gran dimensión, una remarcable calidad espacial y arquitectónica para la ciudad de Tortosa.
“En el pabellón de Tortosa priorizamos el sistema estructural como definidor de espacio, generador de formas y orden”
¿En qué consiste la actuación en la Estación Intermodal del Baix Llobregat en el Prat?Una línea sobre la ciudad, un refugio para pasajeros en tránsito, una sombra para un parque urbano, un captador de energía renovable, un plano. Suspendemos un plano 10 m sobre el nivel urbano mas bajo, ofreciendo un techo con dimensiones acorde con el tamaño del solar, y el de la red de trenes. Este techo define la tipología de la estación y al mismo tiempo es el argumento formal. Su propio valor radica en el hecho de que es una figura bidimensional abstracta y etérea, un plano que flota sobre el lugar a intervenir en vez de un volumen.
La pista cubierta de Sabadell ha implicado un gran reto de integración en el entorno. ¿Cómo lo habéis logrado?
El lugar donde se ubica el concurso es una franja de terreno largo y estrecho, que presenta un gran desnivel en sección y una condición de asimetría muy marcada. Estos parámetros además de las condiciones visuales y de orientación del solar determinan la solución adoptada. Se plantea un proyecto topográfico, un pliegue artificial del terreno. El proyecto se transforma en una gran cubierta que se pliega simulando los movimientos de la topografía en el eje transversal y longitudinal del solar.
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