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Héctor Fernández Elorza (1972, Zaragoza) es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid ETSAM (1998), donde desde 2001 también ejerce como profesor en el departamento de Proyectos. Asimismo, ha sido profesor invitado en universidades de Italia, Alemania, Noruega, Dinamarca, Suecia, Austria y Brasil.
Su estudio de arquitectura ha proyectado el Mausoleo para el oceanógrafo Odón de Buen en Zuera (Zaragoza), la plaza mayor de Zuera (Zaragoza), el auditorio y centro de documentación de arquitectura en Nuevos Ministerios (Madrid), el parque de Valdefierro en Zaragoza, el edificio de Laboratorios y Almacenes Químicos y Facultad de Biología de la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid, el centrode hípica en Oros Alto (Huesca) o los edificios culturales en Jarandilla de la Vera (Cáceres) y San Esteban del Valle (Ávila), entre otros.
"Nos gusta pensar que nuestros proyectos hacen una lectura eficaz de su contexto"
¿Por qué decidiste dedicarte a la arquitectura?
Incluso con el paso del tiempo es difícil calibrar con precisión las verdaderas razones que me llevaron hacia la disciplina de la arquitectura. Aunque ésta se acercó a mí por tradición familiar, no tuve una vocación temprana. Sí recuerdo, en cambio, el interés prestado de niño por los instrumentos de dibujo y la fascinación en mí por la manera precisa en la que éstos eran utilizados en la delineación. Con el tiempo y gracias principalmente al interés por expresarme por medio del dibujo a mano, disciplina que sigo practicando como medio directo de expresión, se definió mi inclinación por la arquitectura.
¿Qué te influyó más de tu paso por la ETSAM?
De mi paso por la Escuela Técnica de Arquitectura de Madrid destacaría dos aspectos. Por un lado, la posibilidad que me dio la Escuela de realizar dos estancias en el extranjero, en la TU Darmstadt, Alemania y en la KTH de Estocolmo, que me permitió valorar, por contraste, los aspectos destacados que definen la formación en la ETSAM. En segundo lugar, resultó determinante asistir a las clases de la Unidad Docente de Alberto Campo Baeza. El propio Alberto y, en especial, Jesús Aparicio son las personas que más me han influido.
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| Centro de Documentación de Arquitectura y Aulario de las Arquerías |
Edificio de Laboratorios y Almacenes Químicos de la Universidad de Alcalá de Henares | Parque de Valdefierro de Zaragoza |
¿A qué se debe tu fascinación por Asplund y qué enseñanzas de este maestro sueco consideras vigentes hoy en día?
Erik Gunnar Asplund fue el arquitecto que me abrió, de la mano de José Manuel López Peláez, el interés por la arquitectura nórdica. Estudiando su obra, de la que destacaría su fascinante cercanía, me acerqué al infinito ingenio constructivo de la obra de Sigurd Lewerentz o a la sensible y callada arquitectura de Klas Anshelm. La arquitectura escandinava, que no difiere tanto de la mediterránea ya que las dos hacen frente a contextos y climas extremos como dos polos de Europa, es para mí un pozo sin fondo de conocimiento. El estudiar la arquitectura que responde a los parámetros del Norte, me ha servido para entender mejor mi contexto: el Sur.
Has participado en múltiples concursos de arquitectura tanto en Italia como en los países nórdicos. ¿Qué diferencias existen respecto al sistema español de concursos y qué deberíamos importar de esos otros modelos?
No diría que existen grandes diferencias; el sistema es muy similar en cuanto al planteamiento general, tipos de concursos, promotores de los mismos o jurados. Pero sí hay una cuestión determinante; el número de participantes es alrededor de 5 veces menor a los presentados habitualmente en España.
¿Qué características arquitectónicas comparten cada uno de tus proyectos?
Nos gusta pensar que nuestros proyectos hacen una lectura eficaz de su contexto. En la mayoría de los casos no hace falta más que observar con detenimiento las cualidades de un lugar para determinar los invariantes de un proyecto. Como en el arte marcial del judo, que en japonés significa camino de la suavidad, donde los contrincantes utilizan la fuerza del adversario para derribarles, la arquitectura debería operar de igual modo con su contexto.
¿Qué sensaciones quieres que proyecten tus edificios a sus usuarios?
Nos gustaría que nuestra arquitectura se apuntalase por medio de dos afirmaciones que aprendí de los maestros.
La primera se la escuché a Francisco Javier Sáenz de Oíza. Comentaba que la buena arquitectura debería ser como una barra de pan. Donde aquel que la prueba no piensa en el panadero, sino que simplemente asevera: “¡que pan más rico!”. Sáenz de Oíza nos sugiere una arquitectura sin firma, de barra de pan. Detrás de una obra de arquitectura no debería de haber más que silencio.
La segunda afirmación se la escuché a Alejandro de la Sota. “La buena arquitectura da risa”. Sota nos sugiere que debemos ser optimistas. Que por encima de la envolvente que conforma la arquitectura, deberíamos acomodar nuestras intenciones al fomento del optimismo, a “la buena vida” podríamos decir. En definitiva, que el tópico: “la arquitectura debe hacer mejor la vida de la gente”, en muchas ocasiones se difumina con facilidad.
Entre estos dos aspectos; a través de una arquitectura sensible de baja tecnología, nos gustaría que se desenvolviese nuestro trabajo.
“El número de participantes por concurso en los países nórdicos es alrededor de 5 veces menor a los presentados en España”
Compaginas el ejercicio de la profesión con la docencia, ya que desde 2001 eres profesor del departamento de Proyectos de la ETSAM y has sido profesor invitado en universidades de Italia, Alemania, Noruega, Dinamarca, Suecia, Austria o Brasil. ¿Qué te aporta la docencia y qué intentas transmitir a los alumnos?En muchas ocasiones, les comento a los alumnos que el aprendizaje siempre es recíproco. Ellos no me creen, pero la docencia, especialmente en el debate de las clases de proyectos tiene, además de satisfacción personal, una enorme dosis de aprendizaje por parte del docente.
Recientemente has ganado el premio ATEG, por el Edificio de Laboratorios y Almacenes Químicos de la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid. ¿Qué objetivos te planteaste para este proyecto?
Nos encontramos con un proyecto incómodo que debía dar solución a la siguiente pregunta: ¿cómo calibrar las decisiones arquitectónicas de un edificio que, por su peligrosidad, las facultades se peleaban entre sí por alejarlo lo más posible, sin poder perder por otro lado, en virtud de su buen funcionamiento, su condición de proximidad a dichos usuarios? Por esa razón, además de las necesidades del programa, su uso y el contexto donde se ubica, este edificio nació forzado a esconder su interior. Frente a la condición dispersa del entorno, el edificio responde con el carácter compacto de un volumen sin fisuras, sin ventanas, que esconde lo que no se quiere ver. Un volumen hermético abierto al cielo que resuelve por medio de patios la luz que la fachada le ha negado.
“En el judo los contrincantes utilizan la fuerza del adversario para derribarles. La arquitectura debería operar de igual modo con su contexto.”
¿Cómo has desarrollado el Centro de Documentación de Arquitectura y Aulario de Nuevos Ministerios?El proyecto de Centro de Documentación de Arquitectura de las Arquerías de los Nuevos Ministerios de Madrid, construido en colaboración con Jesús Aparicio, se desarrolla bajo rasante con mínimas aportaciones sobre el magnífico contenedor existente proyectado por Zuazo. Todo lo que hicimos fue limpiar; quitar de aquel espacio todo lo innecesario. Después, planteamos pocos y certeros mecanismos que pusiesen el acento sobre ese lugar; una ligera escalera, unas pesadas puertas o una losa de hormigón de sección en "U" funcionan por contraste y en balance con la arquitectura existente.
¿Qué te condicionó más a la hora de enfrentarte al proyecto del Parque de Valdefierro en Zaragoza?
Las principales decisiones de proyecto del Parque de Valdefierro de Zaragoza surgieron de las necesidades del propio contexto. Los materiales de desecho de obras existentes en el solar, que hubiesen supuesto una importante inversión de limpieza y traslado a vertedero, así como los restos de una antigua gravera construyen unos muros de hormigón ciclópeo de gran espesor. Estos muros de contención permitieron crear bancales en un contexto de topografía muy acusada.
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2012