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La estructura actual del estudio L35 se compone de 14 socios y 17 asociados que se encargan de la dirección del equipo en sus distintas sedes de Barcelona, Madrid y París. Su obra abarca la práctica totalidad de las tipologías arquitectónicas y actualmente están desarrollando proyectos en España, y también en Francia, Suiza, Portugal, Marruecos, Polonia, Rumanía, Bulgaria y Turquía.
"Desde la fundación de L35 en 1967, teníamos la convicción de que la arquitectura no era una misión individual"
La voluntad de trabajo en equipo siempre ha estado presente en L35 desde su fundación. ¿Por qué esta apuesta por el trabajo colectivo frente a la marca personal?
Efectivamente, desde la fundación de L35 en 1967, teníamos la convicción de que la arquitectura no era una misión individual. La creación arquitectónica y, más aún, la producción del proyecto arquitectónico, por no hablar de su realización material, son trabajos de equipo. En la mayoría de nuestros proyectos, las ideas desarrolladas surgen del diálogo, no sólo entre los profesionales del equipo que interviene, sino también con otros actores del proceso, y especialmente del diálogo con el lugar, el entorno y la realidad social y humana a la que va dirigida el proyecto. Este proceso, en el que todos aportan y son necesarios, nos parece muy enriquecedor y es justo que el reconocimiento público sea también compartido. Por eso elegimos unas siglas, L35, que nos incluyen a todos.
En estas décadas de actividad habéis intervenido en todo tipo de proyectos arquitectónicos. ¿Qué valores arquitectónicos son reconocibles en cada uno de vuestros trabajos pese al paso del tiempo, el trabajo colectivo o la diversidad geográfica?
Creemos que si hay un hilo conductor común en nuestros proyectos, que parte de los principios y valores que queremos mantener en nuestra profesión, es la voluntad de crear espacios, donde los usuarios se sientan bien y puedan desarrollar sus actividades en una atmósfera amable capaz de generar experiencias y vivencias enriquecedoras. En este sentido, somos conscientes de la función social de la arquitectura, al contribuir a la convivencia colectiva y a la vivencia personal, y por ello tratamos de abordar los proyectos con el máximo rigor y responsabilidad.
Procuramos que nuestros trabajos incluyan unos valores arquitectónicos tales que les permitan sobrevivir y adaptarse a los cambios y demandas de la sociedad del momento.
¿Qué pretendéis transmitir con vuestra arquitectura?
Un marco para el bienestar y el desarrollo de actividades, un contenedor que albergue y transmita “vida”, con la mayor simplicidad, claridad y flexibilidad posibles, para la mejor aprehensión del espacio por parte del usuario.
Creemos que los espacios arquitectónicos no son escenarios fugaces, sino que permanecen durante años y deben ser adaptables a los cambios sociales. La buena arquitectura perdura porque sus espacios y sus formas son válidos a lo largo del tiempo y de la evolución humana y social y también por su calidad material y lo que hoy llamamos sostenibilidad y que siempre se ha llamado sentido común. El pabellón de Mies van der Rohe es un ejemplo exacto de lo que queremos decir.
La arquitectura da una respuesta única a un espacio y uso concretos, a través de la forma, y esa es nuestra aportación social y cultural.
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| Vitam'Parc en Neydens, Haute-Savoie (Francia) |
Estación TGV Perpignan (Francia) |
Parque empresarial Rzészów (Polonia) |
¿Cuáles son las principales dificultades que os encontráis a la hora de pasar un proyecto del papel a la obra?
La obra está sometida a intereses que muchas veces no forman parte del proceso de proyectar. En el estudio nos gusta hablar de “construir en papel”, de alguna manera hay que adelantarse al proceso que viene después. Cuanto mejor construyamos en papel más posibilidades tendremos de que lo que perseguimos con el proyecto llegue a buen fin en la obra.
Es fundamental, además, estar presente y con autoridad suficiente a lo largo de todo proceso constructivo, si se quiere garantizar que los resultados sean coherentes con el objetivo proyectado.
Nuestro interés radica principalmente en ser lo más fieles posible al proyecto y que las ideas básicas no queden alteradas por las modificaciones generadas durante todo el proceso. Ése es el mayor reto y conseguirlo es un éxito.
La apuesta por la internacionalización ha sido clave en vuestra firma, que cuenta además con despachos en París y Ginebra además de en Barcelona y Madrid. ¿Qué beneficios y qué riesgos entraña abrir mercado fuera del país?
Beneficios todos. Especialmente por lo que supone de abrir las mentes a nuevas experiencias, a otras maneras de hacer y a otras culturas. Es una escuela extraordinaria que te ayuda a relativizar y sobrevolar los pequeños problemas del localismo y a tener una visión más amplia y libre.
Los riesgos son los mismos que en tu país pero supone un esfuerzo enorme de dedicación, aprendizaje, reciclaje, viajes y coordinación de equipos muy diversos.
Y, sobre todo, requiere una enorme dosis de humanidad.
En estos tiempos de crisis, la apuesta internacional iniciada de forma decidida hace más de diez años ha sido fundamental para la permanencia del equipo. Hoy el 50% de nuestra actividad está fuera de España, fundamentalmente en Francia y también en Suiza, Polonia, Rumanía, Bulgaria, Turquía, Marruecos, y recientemente en Argentina y pronto en Brasil.
"Queremos hacer arquitectura simple, de calidad, perdurable, adaptable,... clásica"
Vuestra producción en el ámbito de los centros comerciales os ha convertido en referencia internacional. ¿Cuáles son las claves arquitectónicas de estos concurridos edificios?
Es cierto que lo que más notoriedad nos ha reportado internacionalmente son los centros comerciales y de ocio, quizás por el hecho de que son edificios públicos, de concurrencia numerosa y continuada, con calles y plazas en muchos casos y también porque hemos propuesto nuevos modelos y conceptos.
En los últimos años, en los que por fin el comercio mira a la ciudad como su espacio natural, la mayoría de los nuevos proyectos son conjuntos urbanos de usos múltiples y, en una gran parte, de estructura urbana abierta.
L35 ha reivindicado desde hace muchos años que el comercio y el ocio deben ser una parte integrante de la ciudad, mezclándose con los demás usos urbanos y estructurados en espacios bien conocidos en nuestra cultura: calles, plazas, espacios peatonales abiertos, etc. Tras muchos años de predicar esta teoría conseguimos realizar algunos ejemplos como La Maquinista, en Barcelona. Hoy casi todos los centros comerciales que hacemos son urbanos, abiertos y de usos múltiples, como el centro de negocios de la Gare TGV de Perpignan o el recién inaugurado Polygone en Béziers, e incluyen comercio, servicios, ocio, oficinas, equipamientos deportivos, hoteles, viviendas, etc…Y ése es el futuro del comercio, integrador y creador de ciudad, como lo ha sido a lo largo de toda la historia.
¿Qué importancia tuvo para vuestro estudio el emblemático proyecto de Centre Caixa “El Cub” en Barcelona?
De todos los proyectos realizados por L35, algunos han tenido un especial impacto, prevaleciendo con el paso del tiempo. Este es el caso del Cub, que por su rotunda respuesta formal en un destacado emplazamiento, la Diagonal de Barcelona, y un tratamiento ordenado y riguroso de las fachadas, consigue plasmar unos valores arquitectónicos atemporales. Es un claro ejemplo de la arquitectura definida anteriormente como la arquitectura que queremos hacer: simple, de calidad, perdurable, adaptable,… clásica.
¿Cuál es la clave para que la arquitectura icónica logre ir más allá de la mera escultura y realmente resuelva las necesidades del programa y del entorno en el que se ubica?
Si la arquitectura se queda en la faceta escultural, significa que no cumple con las condiciones de la obra arquitectónica, esto es: integrar la percepción del espacio desde cualquier punto de su recorrido, pasar de ser observada a ser experimentada, vivida a través del tiempo, asumiendo, a la vez, las funciones que le han sido encomendadas.
La arquitectura no es la escultura, no hace formas, hace vacíos, crea espacios y los espacios, interiores o exteriores sirven para vivir.
La arquitectura icónica como objetivo de notoriedad puede tener alguna justificación muy particular, como lo fue el Guggenheim para Bilbao, pero no puede ser el objetivo general de la arquitectura ni mucho menos de los arquitectos.
"Si hay un hilo conductor en los proyectos de L35 es la voluntad de crear espacios donde los usuarios se sientas bien"
Uno de vuestros últimos proyectos es el Centro Lúdico-deportivo y comercial, Vitam’Parc (Neydens, Francia). ¿En qué ha consistido?
El reto del proyecto ha consistido en encajar un programa extenso, donde convivan las actividades lúdicas, deportivas y comerciales, en un entorno natural y construido, ya existente. La densidad de los usos determina la posición del programa, de modo que aquellas actividades más intensas se han alejado de las viviendas existentes y los aparcamientos se han situado bajo rasante. La dimensión humana se refleja en la calidad de los espacios y en las relaciones entre éstos y las visuales, con la percepción de un edificio de volumetría espectacular. Un conjunto que forma parte de la topografía del lugar, a la vez que se manifiesta con toda su volumetría y expresión arquitectónica. Responde a criterios medioambientales, de eco-construcción, eco-gestión, confort y salud. Una arquitectura realista, racional y contemporánea, con respuestas de futuro.
También en Francia, habéis desarrollado un complejo de usos múltiples, urbano Polygone Béziers (Béziers). ¿Qué objetivos os habíais marcado?
Inaugurado el mes pasado, situado en pleno centro urbano de Béziers, junto a la estación del ferrocarril, un nuevo centro de actividades y usos múltiples constituirá una nueva polaridad urbana de primera magnitud. El conjunto incluye un centro comercial abierto en dos niveles, un centro de ocio en tercera planta, con una amplia oferta de restauración y terrazas, oficinas, centro administrativo y viviendas. La edificación se alinea a lo largo de una avenida urbana y se desdobla creando una calle interior, en paralelo, que concentra las actividades comerciales y que, en base a la topografía de la Avenida, permite conexiones en los dos niveles peatonales. Un buen ejemplo de “mixed-use” urbano.
¿Cómo os habéis planteado el proyecto de Centre del Món, el centro de negocios de la Gare TGV de Perpignan?
La primera fase del proyecto de Perpignan se inaugurará en noviembre de 2010. El Área de Nueva Centralidad de la estación del TGV, que incluye el complejo de usos mixtos (centro comercial, hotel y oficinas), es el elemento sobre el cual pivota la operación urbanística municipal para revitalizar Saint Assiscle y convertir la nueva estación en un polo intermodal de desarrollo urbano y nuevo motor económico de la ciudad. Este barrio quedó aislado del centro y de su entorno por la fractura que supone la línea férrea y la estación ferroviaria. El proyecto se estructura mediante un eje lineal, resultado del trazo de las vías, que en superficie se convierte en un espacio público y cuya prolongación conecta con el centro urbano a través de un bulevar. Los diferentes edificios se sitúan a ambos lados del eje y una gran pérgola los unifica en un complejo presidido por el equipamiento deportivo, el único elemento aislado, de volumetría específica que actúa como un nuevo icono urbano.
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2012